Mi es nombre Ricardo Mauricio Menesses Orellana, tengo 53 años, soy padre de dos preciosas hijas y tengo una nietecita. Ahora felizmente casado; ya sabrán el porqué. Conocí a Cristo cuando era un adolescente, mi Padre nos llevó a mi hermano y a mí a un Capítulo de la Fraternidad que estaba en el Hotel Presidente. No me impactó el testimonio, ni lo recuerdo, si no esa oración que hicimos al final, donde acepté al Señor. Sentí algo tan especial, indescriptible…; ahora sé que en ese momento Dios empezó a cumplir su propósito en mi vida.

Saben, aquí en la fraternidad conocí a un Cristo Vivo, que Sana, Bendice, Transforma y Restaura. Ya se darán cuenta.

 Soy el hijo mayor de 7 hermanos, nací en un hogar alcohólico y ya saben que pasa cuando existe ese problema en un hogar: maltratos, pleitos y abandono. Siempre admiré a mi padre; siendo el hijo mayor, siempre buscaba estar con él y él me llevaba a todos lados; yo lo idolatraba, ahora sigo respetándolo.

Él es un hombre autoritario; a mí me exigió mucho y era de una sola palabra. Una vez me decía las cosas, la segunda era el golpe; en ocasiones me maltrataba llamándome “inútil”; eso dañaba mucho mi corazón y para evitarlo me esforzaba por hacer las cosas bien. Ahora es un hijo de Dios y le sirve; sigue siendo autoritario, aunque de diferente manera.

Un día en esas vueltas de la vida que llevaba, mi padre se fue de casa con otra persona; yo me sentí abandonado; eso me generó un gran resentimiento hacia a él y me dije que nunca iba a ser como mi padre. Por todo lo que veía en él y su alcoholismo, me prometí a mí mismo, que nunca sería así con mis propios hijos.

 A pesar de esa situación, no dejé de verlo; salía con él y continuaba obedeciéndole, pues mi madre nos inculcó el valor del respeto hacia el cabeza de hogar. Puedo decir que hasta este día, callo y escucho por respeto a él cuando habla. El mío ha sido un padre muy exigente conmigo, quizás por ser el mayor; y me decía que me preparara para ser siempre el mejor, pero debía hacer lo que él decía; contradictorio, pero así era. Crecí con ese deseo en mi corazón, de ser siempre el mejor y ser exitoso. Él quería que fuera Administrador de Empresas y yo deseaba ser Militar; como lo fue mi  abuelo. Mi padre me exigía fuerte y mi abuelo con amor me hablaba.

Queriendo obedecerle, inicié mis estudios en la Universidad tal como él deseaba; un año estuve así, más luego renuncié y me examiné en la escuela militar. Fui aceptado y hasta becado y le dije a mi padre lo que había hecho. Se molestó mucho, ya que eran en los años ochenta y la guerra en el país era fuerte.  Su respuesta fue que me daba solo 15 días para que me expulsaran por ser un “inútil”. Eso daño mucho mi orgullo, si en la actualidad soy flaco, imagínense a los 18 años, pesaba unas 110 libra si acaso.

Cada vez que estábamos en adiestramiento y me daban “con todo”, solo de mi Padre me acordaba, y me decía a mí mismo: “no le voy a dar gusto a ese ‘Maistro’ ”. Si recuerdan eran épocas de guerra y el adiestramiento duro era el pan de cada día.

Pasa el tiempo, empecé a destacar y todo me empezó a salir bien; pensé que era muy inteligente y me sentía de los mejores, sin darme cuenta que Dios ya estaba obrando en mi vida, ese mismo Dios que había conocido en esta bendita Fraternidad.

Pero me olvidé de Él; ya no estaba en las cosas de Dios; más Dios sí sabía quién era yo y no permitió en mi vida el alcoholismo, ni las drogas, ni otros excesos. Si bien entablaba relaciones con mujeres, por la situación que yo vivía, pero esa no era mi prioridad, si no buscar ser siempre el mejor.  En ese tiempo, Dios guardó mi vida, allí vemos la respuesta de las oraciones de nuestros padres.

En esa época, yo no iba mucho a mi casa, fue época de salir del país, de estar en la Escuela Militar, en los cuarteles y solo llegaba en contados fines de semana; me alejé para evitar las muchas discusiones que yo tenía con mi Padre. No me daba cuenta lo que Dios, a través de esta bendita Fraternidad, estaba haciendo en la vida de mi Padre en esos años en que estuve bastante alejado.

Llego el momento de mi graduación de oficial y decía para mis adentros: “Ahora me las desquito con mi padre”. El día que me  gradué de Oficial y El Presidente de esa época me entregó mi sable, el símbolo de mando de los oficiales, me sentía muy orgulloso de mi logro, quizás más de lo debido. Al finalizar el acto, salí hacia donde estaba mi familia, me puse firme frente a mi padre y le entregué con orgullo mi sable, diciendo con un tono sarcástico: “Papá, aquí le entrego los 15 días que me dio por inútil”. Ahora reconozco que lo hice con soberbia y con ganas de discutir.

¡Pero su reacción fue completamente inesperada para mí! Al recibir el sable, mi padre lo elevó al cielo con sus brazos extendidos y bendijo mi vida. Eso me impactó tremendamente, pues yo deseaba discutir con él y ya no tuve oportunidad de hacerlo. ¡No me daba cuenta de lo que Dios había obrado en la vida de mi padre, a través de esta bendita Fraternidad!

Por mi parte, seguí con mi vida militar en los cuarteles y todo me salía bien, todos me conocían. Eso me gustaba y alimentaba mi soberbia. Recuerdo que seguía buscando de Dios, pero de una forma fría y vacía.

En esa época me case y empezó mi vida familiar; soy padre de dos hijas y mi hija mayor solía decirme: “Papi, ¿por qué no pasas más tiempo en casa?” Yo siempre le respondía lo mismo: “Hijita, estoy trabajando para que no te falte nada”. Como era lógico, mi respuesta no aliviaba su tristeza.

 Pasó el tiempo y se llegó el momento de los Acuerdos de Paz; habíamos como mil quinientos oficiales, más o menos y solo 47 ingresamos a la nueva Policía; me sentí de los mejores ya que éramos muy pocos; me sentía como un pavo real y me decía a mí mismo: “Yo soy ‘Cachimbón’ ”. Pasamos el adiestramiento en Puerto Rico y España y comenzamos a trabajar en el desarrollo de La P.N.C. Siempre tuve una jefatura a mi cargo; empecé a destacar y todo me salía bien;  donde me mandaban todo salía bien, imagínese como me sentía, por las nubes.

Estaba ya asistiendo a mi Capítulo de la Fraternidad, pero solo llegaba y nunca me involucraba realmente. Sin embargo, algo malo pasaba en mi vida: si bien no tenía otros vicios, yo era un verdadero “workaholic” es decir, un adicto al trabajo.  A raíz de esto, incumplí la promesa que me había hecho a mí mismo de jamás ser como mi padre: empecé a descuidar a mi familia; ellas comenzaron a vivir lo que yo sufrí cuando niño: el sentimiento de abandono.

 Mi hija mayor ya había crecido y me decía: “Papi, no te vemos en casa” y yo siempre decía: “Hijita, no te preocupes, estoy trabajando para que no les falte nada”; sin darme cuenta estaba abandonando a mi familia, “Papi” no estaba en casa y no había esposo, mi único objetivo era ser exitoso.

De lo que no me daba cuenta en ese tiempo, es que el enemigo trabajaba en mi contra, sembrando semilla de fuertes resentimientos en mi familia, por los cuales mi hija me reclamaba. En mi ceguera, yo creía que era suficiente pasar juntos en vacaciones de Semana Santa, agosto y diciembre y salir con ellas de vez en cuando; pero desperdicié mi tiempo y no las disfruté como debía; realmente no las vi crecer, me perdí tantas cosas de ellas.

Además, en la Policía cada año se entregan condecoraciones a los mejores Policías, de Delegación, Región, División y a nivel nacional. Ese reconocimiento recibía el nombre de “El Águila Dorada”. Por varios años yo lo recibí, eso me llenó de orgullo, me decía a mí mismo: “Soy el Mejor”; yo con éxito ¿y mi familia? Bien, gracias ¡en total abandono!

En esos días, cambian la Ley Orgánica de La Policía y debería ser un policía el Subdirector General de la P.N.C y fui elegido entre alrededor de 25 candidatos, todos con las mismas capacidades; me llené de orgullo y soberbia; tristemente se me olvidaba que era Dios quien cumplía su propósito en mi vida, más yo decía: “soy ‘Cachimbón’ ".

Asistimos al evento de juramentación del cargo, llevé a mi familia a almorzar para celebrar, pero lo que debió de ser un éxito familiar para compartir, no lo fue; las llevé rápidamente a casa y me fui a trabajar, dejándolas solas. ¡Qué tontería! Yo estaba despreciando el regalo más grande que Dios me había dado: ¡mi familia! Para ese tiempo, ya tenía dos niñas. ¡Mucho cuidado de despreciar a su familia por su trabajo! después llorarán lágrimas de sangre, ya sabrán porque.

Y así comienza una nueva etapa de mi vida, con muchas facilidades: mayor salario, prestaciones, y todo se hacía fácil; compramos casa nueva -la casa de mis sueños- carro nuevo, motorista en casa y para mí eso era suficiente: el que no faltara nada en nuestro hogar. Salíamos de vacaciones, Semana Santa, agosto y diciembre y era suficiente para mí y después a trabajar. Es interesante pensar que de todo eso, no queda nada al final.

En esa época el Director de la P.N.C se va a la política y me quedo como Director Interino, habían reuniones para decidir sobre el nuevo Director de la P.N.C  y habíamos empresarios, políticos, allegados al presidente y “el policía”, o sea yo. En los pasillos, escuchaba expresiones como: “¿Y ese policía cómo va a ser Director?” pero las personas, no sabían que a mí, Dios me había dado seguridad y mientras ellos más hablaban, yo continuaba saliendo en televisión con mi trabajo, generando opinión pública y ganando popularidad.

Y Por fin llegó el día. Estando yo en un restaurante con unos amigos, ya cerca de Dios y en mí Capitulo, me habló el Presidente de la República y me citó a Casa Presidencial; se me informó de mi nombramiento como Director de La Policía, dejándome muy claro que era una orden que debería cumplir.  Me arrodille y le di gracias a Dios en ese lugar y oramos con mis amigos.

Estaba cerca de Dios, pero no era el centro de mi vida, seguía siendo soberbio y me creía que era el mejor y que yo podía hacerlo todo. Fui con mi familia al evento y luego las mandé a dejar, ya ni siquiera estuve con ellas en ese día. Me hice un hombre muy famoso, y eso es difícil de manejar, si no ponemos todo en las manos de Dios. Salía a actividades con el Presidente y fotos con él  y conmigo y con nadie más, hasta allí todo bien. Figuraba en las encuestas de evaluación a los funcionarios y salí mejor evaluado que el Presidente. Esto me preocupó; le llame y le dije que no sabía cómo eso pasaba si yo no pagaba publicidad y me dijo: “Yo ya voy de salida, no te preocupés”. Dios seguía cumpliendo Su propósito en mi vida y yo seguía creyendo que era muy inteligente y que todo lo podía hacer.

Llega un nuevo Presidente y habiendo muchos candidatos en la Policía, me ratifican en el cargo. Esto me hizo sentir como el mejor y seguí haciendo mi trabajo, saliendo en televisión y viajando con el Presidente a las visitas departamentales, las fotos seguían y la gente me buscaba, ¡imagínese el lector cómo yo me sentía! Salen de nuevo las encuestas y volví a salir más alto que el Presidente; me preocupé por eso y entonces, ya no me volvieron a sacar en las encuestas.

Veamos que pasaba entonces en mi hogar; resentimiento, abandono y mis hijas –especialmente la mayor- me reclamaban. Tristemente, pasó lo que yo tanto decía que no haría con mis hijas; todo por el trabajo, todo por ese éxito que decía que era de todos y solo era para mí, mientras ellas se sentían abandonadas y el enemigo seguía trabajando en mi contra.

Salíamos también con el gabinete de seguridad a lo mismo y en una ocasión que salimos, la gente solo me busco a mí y a nadie de ellos y no me volvieron a invitar a esas actividades, me preocupe por eso, pero no me detuvo nada; seguí haciendo mi trabajo solo  y a nivel nacional y saliendo en Televisión con acciones, trabajando fuerte por el país a toda hora, día, noche, madrugada y mi familia… bien, gracias.

De repente, un día, autoridades superiores me citan  cuestionando mi autoridad para investigar cierto caso en particular del que me ocupaba por esos tiempos. ¿Y a usted quién le ordenó que investigara esto? me preguntaron. Yo contesté: “La Fiscalía ordenó, está la DEA y el Servicio Secreto en el caso”; eran cosas grandes en realidad y para mí, como dice la ley, era el “deber ser” de mi trabajo como Policía. Su respuesta fue que yo no les había informado previamente, les comprobé que sí y les manifesté que ellos no leían lo que les enviaba. Entonces, me pidieron que me retirara.

Tres días después de dicha reunión, me estaban apartando de mi cargo. Me dolió mucho, me quedé frustrado porque yo estaba trabajando y no había motivo para eso, pero sin decir nada respeté la decisión; me pidieron que saliera del país, pero alguien de la Fraternidad intervino y eso lo supe hasta hace unos meses. Empezaron a decir que me enviaban a Washington D.C, como agregado Policial, ese cargo no existía y tan bien iba, que hasta los 3 meses me recibió el Embajador.

Yo no entendía que Dios estaba guardando mi vida y dándome una nueva oportunidad de encontrarme con mi familia. Yo iba frustrado y amargado, pues no quería eso, deseaba fama quizás, adrenalina, acción, y Dios me tenía tranquilo como diplomático y en paz

 De repente me hacen un gran escándalo aquí en el país, todo lo que había hecho en el servicio, lo ponen en mi contra y me ponen como el peor de los delincuentes. Fue muy duro: todos me señalaron, me condenaron y me acusaron de todo, y nadie me pregunto qué estaba pasando; todo pasó así como lo hacía Pablo Escobar en Colombia; él salía bien librado y las autoridades eran los malos de la película. Me humillaron en el país e internacionalmente, especialmente en un medio en particular, a través de una investigación que ellos publicaron. Fui obligado a renunciar y me quedé sin nada.

Como ya no pude pagar, me lo empezaron a quitar todo y aquí en ese mismo medio decían: “lavado de dinero” por mi casa y en letras pequeñas decía, que era un préstamo  bancario, en una forma donde nadie leía.

 Yo quedándome sin nada y ellos publicándome cosas feas…; es difícil ver como todo se derrumba y ver como una grúa se lleva tu carro y cierran tu hogar. Eso sucedió en Estados Unidos.

Fueron momentos tan duros, que caí en una depresión profunda y traté de quitarme la vida; compré una navaja de cazador y me corté las venas; solo la piel me cortó y me dijeron: “Vos la atención querés llamar”,  y yo con una gran depresión, sin deseos de vivir, estaba fracasado, todo se hundía.

Veo hacia mi familia y mi esposa me dejó, mis hijas me odiaban, mi hija mayor me dice que no se viene al país, que no tiene nada que hacer conmigo. Aquel que todo lo podía y tenia de todo, se quedó sin nada.

Tenía pocos ahorros y busqué abogados, pero lo que es de carácter político no tiene respuesta legal y me quedé sin nada y sin resolver. Después de tener todo, de repente  no tenía nada; ni amigos, ni trabajo, ni dinero, tuve que viajar  a El Salvador a enfrentar la situación y someterme al sistema; a vivir a un cuarto, no tenía nada más. Bendigo en el nombre de Jesús a mi hermana y su esposo que me dieron donde vivir, ellos fueron mi bendición.

A los pocos días se vino mi hija menor conmigo, Dios lo permitió para darme vida y vivir por ella, vivíamos los dos en el mismo cuarto y solo teníamos las maletas y nada más, no tenía trabajo, no me prestaban dinero y nadie me hablaba y mi hija cuando yo estaba en el cuarto se metía al baño para no hablarme, eran momentos duros, ya que había mucho resentimiento de ella hacia mí.

Inicie los trámites para matricularla en el colegio, y comenzó a estudiar y de repente me dice: “Papi, ¡no entiendo el Español!, ella podía hablarlo, pero en lo académico no comprendía el idioma, venía pensando en inglés, ya que habíamos pasado mucho tiempo en Estados Unidos y ella solo inglés hablaba.  Saben, este inconveniente resultó una bendición; por primera vez me di cuenta que era Papá y empecé a estudiar con ella, que en ese tiempo tenía como 13 o 14 años, fue una etapa maravillosa en mi vida. Dios me estaba dando un motivo para luchar y vivir, me estaba enseñando a ser buen padre y he sido Papá y Mamá todo estos años; asistí con ella al Colegio los días de la Madre y los días del Padre, a todas sus actividades y lo hice con amor; sí la disfrute; sí la apoyo en sus decisiones y  ahora somos amigos.

En esa época, yo hice un compromiso con Dios de tomarme de su mano y no de las armas, pude haber cometido errores por todo lo que pasaba, pero  me deshice de todas ellas; eso me sirvió para que mi hija estudiara; Dios tomó mi compromiso y empezó a ver si confiaba en Él o en las circunstancias y comenzó mi lucha por salir adelante y todo parecía estar en mi contra, aunque iba de la mano de Dios.

Nadie me daba trabajo, nadie me prestaba, no tenía dinero, no tenía opciones. Solo un amigo compró un carro para prestármelo para que no anduviera a pie, y ha sido el mejor carro que yo he tenido en mi vida.

Hasta este día, no he podido pagárselo y no me lo ha cobrado; han pasado varios años ya, siempre se lo digo con mucha pena que no he tenido, me dice: “Tranquilo no se preocupe”. Ese es otro testimonio Dios siempre ayudándome, es fiel y verdadero y cumple sus promesas.

En ese proceso estaba en un banco un día, peleando porque me querían quitar hasta lo que no tenía y me encontró un Fraterno. Al verme me gritó en el banco y me dijo “¡Ricardo! debes regresar a la Fraternidad” y me invitó de nuevo al Capítulo. Llegué y me dijo: “Debes empezar a servir y Dios te responderá”.

En realidad, no tenía ni para pagar el desayuno; me invitaban, pero nunca dejé de dar mi colaboración económica y a veces solo daba 10 centavos, no tenía más; no dejé de escribir en los papelitos mis peticiones y pude comprobar que Dios no se queda con nada.

Entonces, terminó el año de estudios de mi hija y después que había salido mal porque no entendía en el primer período, me dice muy alegre: “¡Papi, quedé en el cuadro de honor!”; y yo me alegré mucho y también se me partió el corazón, porque no tenía dinero para que continuara sus estudios;  y le dije: “Hijita, me siento muy orgulloso de ti, pero vamos a tomar 3 opciones para el siguiente año, no tengo dinero para matricularte”. (No tenía dinero, no me prestaban y ya había vendido todo lo que tenía). Su respuesta dolorosa me partió el corazón, pues dijo: “Me esforcé tanto para agradarte a ti ¿y ahora me estás diciendo que no puedes?”. Me lo dijo llorando. Le estaba fallando a lo único que Dios me había dejado, que era mi princesa y me puse a llorar.

Lloraba porque estaba fallándole a mi hija  y la impotencia del hombre se manifestó en mí. Dios me estaba probando si creía en Él o en las circunstancias que yo estaba viviendo, pero aprendí que Dios no se hace esperar cuando lo buscamos y nunca nos deja abandonados.

Me fui al baño y me arrodillé y sabiendo que soy su hijo le dije: “Soy tu hijo, ¡no me puedes dejar avergonzado Señor!” y lloraba; es duro llegar a eso; sin opción, sin dinero, nadie me prestaba, ni tenía trabajo para poder pagar los estudios de mi hija; ni para eso tenía.

Al día siguiente me habló un amigo de infancia y me invitó a tomarme un café. Alegre fui y hablamos un momento de todo; me pareció extraño que me llamó a mi celular y no lo había visto por lo menos en 15 años y él vive en el extranjero. Me fui de espalda cuando me dijo: “Ricardo, deseo pagarte un dinero que me prestaste hace mucho tiempo”. Pude ver que Dios estaba respondiendo, y debo confesar que no recuerdo con claridad hasta este momento si se los presté  o no, pero sí tomé el pago agradecido con mi amigo y con Dios; y eso no fue todo: en la iglesia a la cual asistía, una persona me entregó un regalo precioso: una cajita en cuyo interior estaban los libros de todo el año de mi hija. Cómo no darle gracias a Dios, por todo lo que está haciendo en mi vida, desde que me rendí a Él.

Es así como Dios pone ángeles en nuestra vida en el momento perfecto para Él; compré zapatos, uniformes, útiles escolares y la matriculé, ese es el Dios que conocí en esta bendita Fraternidad.

Desde ese momento hasta este día, nunca más me ha faltado para los estudios de mi hija y me ha permitido tener trabajo sin buscarlo; me da sabiduría para hacer lo que debo hacer y me da la provisión de lo que necesito; ni me sobra, ni me hace falta, y le sirvo con todo mi corazón aquí en la FIHNEC y en mi iglesia, como dice la Visión de la Fraternidad; por eso cuando piden la colaboración económica, siempre apoyo; sé que hombres son bendecidos en los eventos y SAELES cuando yo lo hago, he visto la mano de Dios en mi vida y no dejo de poner las peticiones. La oración tiene poder

En esos días, empezaron a pasar cosas en mi vida; me empezaron a buscar de la Policía y en la iglesia les dijeron que no podían entrar. Cuando me avisaron me pareció extraño, sabiendo que hace mucho estaba fuera, pero ignoraba que la razón de buscarme era para darme resoluciones a mi favor, donde manifestaban que habían violado mis derechos constitucionales. ¡Todo eso sin pagar abogados! ¡Ese es Dios que todo lo puede, el especialista en imposibles!

Dios nos hace apetecibles a los demás; en los últimos trabajos me han buscado, todo me sale bien, pero ahora sé que es mi Dios que me da sabiduría y me pone gracia y que empresarios me digan: “Mire lo necesito en mi empresa”, yo no soy nadie para eso, pero como hijo de Dios ¡me pasan cosas maravillosas!

Dios Me regalo un viaje a Estados Unidos, tenía 5 años de no  ver a mi hija mayor por los problemas y no tenía ninguna posibilidad de viajar, no tenía el dinero; creo que me odiaba y tenía ya una  bebé y no podía verla, ni las fotos me permitía etiquetar. Pero saben un día una persona me dijo, que sabía que yo tenía un anhelo en mi corazón y le confesé que deseaba ir a conocer a mi nieta y ver a mi hija a Estados Unidos y me regalo los pasajes para ir. Eso solo Dios lo hace ¿cómo iba a saber esa familia mi deseo? A mi hija menor en 5 minutos le dieron su visa sin problemas, sin pedirle nada; se tardó más en hacer la cola que en recibirla. Fue Dios quien nos regaló esa bendición. Cuando las cosas son de Dios, ¡todo es perfecto!

Un día sirviendo a Dios en el oriente del país, otra persona me dijo que Dios le había hablado y me dijo que me sembraría ¡Hasta viáticos me regaló ese Cristo vivo que conocí en esta bendita Fraternidad! él es de la zona norte, yo de San Salvador y eso pasó sirviendo a Dios en el oriente del país, ¡Dios no se queda con nada!

Llegue a ver a mi hija y me recibió con amor, conocí a mi nietecita y decía: “Mami, Mami,  tu Papi me anda siguiendo”, yo solo deseaba “apapacharla” y terminó jugando conmigo diciéndome “Papi”, no se imaginan que significó ver a mi nietecita y disfrutar de mis hijas, Dios me devolvió el amor de ellas y poco a poco me está dando todo lo que tiene para mí.

Mi hija menor ahora es la tesorera del Capítulo de Jóvenes donde yo sirvo también; donde conocí a un Cristo vivo que Sana, Bendice, Transforma y Restaura; eso ha hecho en mi vida, cuando dejé que cumpliera Su propósito en mí y empecé a servirle.

 Al reflexionar me pregunto, ¿Cómo no le voy a servir, como no darle gracias, por todo lo que está haciendo en mi vida? Soy un hombre restaurado por Dios en esta bendita Fraternidad.

El testimonio arrastra, eso pasó con mi hija al ver lo que pasaba en mi vida; y los que le servimos a Dios, Él se encarga de honrarnos, como lo sabe hacer de manera perfecta. Mi hija se involucró en el capítulo de jóvenes a servir y Dios la premió por creerle a Él: el 15 de Septiembre de 2015, salió a España a estudiar en la Universidad Europea del Atlántico, sin ninguna posibilidad de nada de mi parte, pero mi Dios que todo lo puede, lo hace de manera perfecta nos resolvió todo para su viaje y  hasta este día no me ha faltado nada para mandarle su manutención, ya que solo es beca de estudios, no fue nada fácil dejarla ir, pero Dios la había bendecido y yo como padre debo apoyarla en todo, ese es Dios, el especialista en imposibles.

Eso no es todo, en el proceso de que ella se fuera a estudiar al extranjero, yo me quedaba solo ya que hasta ese momento era padre soltero y conocí a una bella mujer en el mismo capítulo en 2012 o 2013. La vi, la saludaba y tuvimos la oportunidad de trabajar juntos, ya que ella llegó de coordinadora del capítulo de damas en 2014 y yo de Presidente del capítulo de hombres, pero nunca nos vimos más que para aspectos de servicio. Un par de veces la invite a tomar café a principios de 2015 y nunca me aceptó la invitación, se ponía “creída” decía y ella comentaba con las fraternas sobre mí diciendo: “hay se va a estar ese chavo”; pero Dios tenía preparado el momento. Tiempo después tuve el privilegio inmerecido de llegar a ser directivo nacional en Junta Directiva Nacional en el período 2015-2016.

En mayo de 2015, estando yo en una reunión de Junta Directiva Nacional, alguien le dijo que me llamara porque solo yo le podía ayudar a resolver una situación administrativa del capítulo y me escribió un mensaje pidiéndome el apoyo. Le correspondí. Ese día fue especial, porque además de resolverle, la invite a tomar un café y me acepto la invitación. Allí nació una bonita amistad, el 30 de agosto iniciamos un noviazgo y fui a pedir permiso donde los padres de ella para hacer las cosas bien, como un hijo de Dios. Hablé con sus hijos, la presenté con mis padres, hablé con mis hijas y todo empezó a caminar muy bonito, le comuniqué a mis lideres FIHNEC, ya que siendo servidor tenía que hacerlo así, y también la presenté a mis líderes de la Iglesia.

El 12 de febrero del 2016, le pedí que fuera mi esposa y hasta se asustó de eso y no creía; verdaderamente fue un momento muy especial en mi vida.

El 15 de julio de 2016, fue nuestra boda civil, otro momento de mucha bendición a mi vida.

El 30 de julio de 2016 fue la presentación de nuestro matrimonio a Dios.

Ahora servimos juntos a Dios en la FIHNEC.

Yo también sirvo a mi iglesia, como nos enseñan en FIHNEC, que busquemos una iglesia donde congregarnos.

¡Cómo no servirle a Dios si me tiene en un proceso de vida diferente! ¡Él sana, bendice, transforma, restaura y aun en estos días hace milagros; por eso les testifico dando toda honra y gloria a Dios!

Me ha regalado una nueva familia, antes tenía dos preciosas hijas y una nietecita, ahora son 5 hijos, una preciosa nietecita y una bella esposa.  ¡Todo venía en combo!

Teniendo a Dios en nuestras vidas, todo es posible, no tengo nada, pero Dios me provee de todo. Saben, a mí nadie me daba trabajo, pase así por 3 años y meses, pero me entregué a Dios y sirviendo a Dios, en los últimos 3 trabajos que he tenido sirviéndole, me han contratado; no he tenido ni el problema de buscar si no que me llega a donde estoy, me da lo que necesito, ¿Cómo no creer en sus promesas, cómo no creer en su amor, cómo no creerle a Él? Él cumple porque cumple.

Ahora soy uno de los hombres más felices de la tierra; repito: conocí a un Cristo vivo, que Sana, Bendice, Transforma, Restaura y aún en estos días hace milagros, yo soy uno de ellos.

Te invito a conocer a ese Cristo vivo que yo conocí y que sé que hará grandes cosas en tu vida como lo está haciendo en la mía.