Mi nombre es Guillermo Ernesto López Reyes empresario dedicado a la logística internacional  y Dios ha puesto e mi corazón compartir el siguiente testimonio de que Dios es real. Creí como un niño en las promesa de Dios para mi vida, justamente cuando era un niño. Pero el tiempo transcurrió y mi Corazón se endureció y mis pies se apartaron del camino correcto y me volví un detractor silencioso del evangelio. Mi corazón se llenó de lo que el mundo ofrece. De manera espontánea, la envidia, el orgullo, el egoísmo y el afán, eran parte de los frutos que mi corazón había cosechado. Pero para mí todo era normal y me sentía una persona buena por consiguiente creía no necesitar de Dios. Eso de buscar a Dios era para personas débiles sin carácter, sin conocimiento.

Me casé e iniciamos junto con mi esposa una de las empresas más difíciles del ser humano: conformar una familia. Los primeros días fueron difíciles, la situación económica nos apretaba de forma directa, nuestras posibilidades eran escasamente viables, mi esposa busca de Dios tratando de encontrar respuestas. Y las respuestas no se hacen esperar: de ser empleados El señor nos vuelve empresarios y la prosperidad llega a nuestras vidas corrigiendo con esto la situación que veníamos padeciendo. Siempre hubo en el corazón de mis esposa la disposición de dar a Dios los diezmos de manera espontánea con amor y con agradecimiento a Dios, pero mi corazón estaba puesto justamente en el dinero y me opuse completamente a colaborar con la obra de Dios. Al tener mi corazón endurecido y una venda en los ojos, preferí quedarme en el mundo y disfrutar de él. Los bares fueron mi destino, despilfarré la prosperidad que Dios nos había dado. Sin Dios en mi corazón, me opuse a que mi esposa siguiera en la iglesia de forma activa. La empresa dejó de ser próspera y comenzó de nuevo la aflicción.

Afortunadamente, mi esposa conoció la Fraternidad de Hombres de Negocios  y de inmediato estableció  una relación personal con Dios y me buscaba capítulo de forma insistente para que yo asistiera.  Probé en varios hasta que llegué al capítulo gran Bonanza. Asistí por un mes y me llevaron a un SAEL. En esa reunión el Espíritu Santo tocó mi corazón  de manera extraordinaria, la misma experiencia que había vivido en mi infancia, siendo una experiencia preciosa. Pero no regresé al capítulo, decidí apartarme nuevamente de Dios,  seguí  luchando en mis fuerzas pero todo se había vuelto cuesta arriba.

 La empresa que Dios había bendecido estaba en quiebra, comencé a vender todo lo que tenía a mi disposición, con el ánimo de recuperar la empresa, pero fue imposible: todo dinero que invertíamos se terminaba de inmediato, era algo insostenible. Un día viernes al  mediodía, sentí como que me desconectaron de la vida y sentía mi cuerpo más pesado de lo normal. Los médicos me dijeron que mi problema era de riñones y me comencé deteriorar físicamente de inmediato. Me ingresaron al hospital, no comía no bebía y mi cuerpo comenzó a hincharse acumulado líquidos  y a la vez sufría de desnutrición. En el período de junio a diciembre de 2010, estuve ingresado en el hospital cerca de 70 días alternos. El dolor, la muerte y la desesperanza fueron mis compañeros, fue entonces que volví a  buscar a Dios, leí en los evangelios sobre las sanaciones que Jesús hizo y ahí puse mi fe en Él.

Vi morir a muchos en el hospital en ese tiempo, otros tenían condiciones extremas y yo era uno más entre ellos. Sin esperanza, me preguntaba adonde estaba el orgullo, la soberbia y el desprecio por la palabra de Dios que algún día había tenido. En ese momento entendí que todo es vanidad.

 

Me dieron el alta el 17 de Diciembre del 2010 para que me fuera a mi casa sin esperanza de parte de los médicos, pero mi fe en Jesús había crecido, permanecía en cama todo el tiempo sin poder moverme, muchos llegaron a orar por mis salud, llegaron fraternos a declarar sanidad en mi vida y para la Gloria de Dios, me comencé a recuperar.  En febrero del 2011 mi cuerpo expulsó los líquidos acumulados y mi recuperación comenzó. En ese periodo de escasez económica  Dios envió todo tipo de ayuda por medio de diferentes personas que fueron obedientes al Señor. No teníamos trabajo, pero siempre Dios cuidó de nosotros de manera sorprendente. Dios ha restablecido nuestra economía, hoy tengo la oportunidad nuevamente de administrar la empresa con la diferencia de que esta vez busco a Dios de toda forma posible.  Asistimos a la Iglesia, sirvo en el capítulo Fares (en formación) busco a Dios siempre y doy testimonio de lo que Él ha hecho en mi vida. Dios tiene un trato diferente con cada uno  y esta es la forma en como yo llegué a conocer las maravillas que Dios tenía para mi vida. Escribo este testimonio por agradecimiento, obediencia y por amor, fui rescatado de la muerte, pero lo más importante, fui rescatado de los muertos.