FIHNEC

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Testimonios

Víctor García

DIOS ME HA PUESTO PRUEBAS DURAS DESDE EL MISMO DÍA EN QUE NACÍ… A las 9:00 de la mañana del 12 de noviembre de 1948, fue el momento en que Dios, el Divino Creador de la vida, dispuso para que este servidor llegara a este mundo, por medio de una mujer campesina pobre, humilde, valiente y obediente a los designios de la existencia; tanto, que en el preciso instante de mi nacimiento, debido a la extrema pobreza de mis padres, la cama en que tenía que nacer no sólo estaba vieja sino que también podrida, y en esas condiciones no era el lugar más apropiado para un alumbramiento y menos para resistir la agitada actividad de parto de mi madre. De manera que el tiempo y las circunstancias no dieron para más que acostar a aquella sufriente mujer en el suelo de tierra duro, sucio y húmedo, y ese fue el escenario donde me tocó nacer y dar mi primer llanto. Por eso digo que Dios me ha puesto pruebas duras desde el mismo día en que nací… Se dice que: “La pobreza es la fuente de las necesidades y en consecuencia la fábrica de las adversidades humanas”… Y eso me tocó que verlo desde mi temprana edad. Tengo algunos recuerdos de mi niñez, como por ejemplo: La figura de mi sacrificado padre descalzo, soportando el rigor del ardiente suelo y de los lodosos caminos. O cuando un día, a mis 7 años esperaba ilusionado que mi papá me comprara los útiles para empezar a asistir a la escuela; pero en cambio, en lugar de cuadernos me compraron un machete para trabajar en una finca… Y es que aunque mis padres querían un mejor destino para mí y mis hermanos, eso lo sé; la pobreza campesina en nuestro país sigue siendo tan grande que todavía mata las ilusiones de superación de mucha gente del campo. Cuando tuve 9 años de edad, me buscaron para que prestara mis servicios como sacristán en la iglesia del pueblo, y no porque fuera un niño que tuviera cualidades o características de prodigiosa santidad, sino porque mis padres sabían que esa era una forma en que yo podía comer los tres tiempos. Pienso que si de ellos hubiera dependido, hasta mis otros hermanos también hubieran terminado siendo monaguillos, para que todos tuviéramos la suerte de alimentarnos con cotidiana regularidad y no aguantáramos hambre como era nuestra frecuente adversidad. A los 12 años, abandoné aquella iglesia porque mi padre enfermó severamente y me dediqué a trabajar para ayudar a cubrir económicamente las muchas necesidades de mi pobre rancho familiar. Y Cuando llegaron los 13, otra dura prueba me cambio la dirección de mi vida, la muerte de mi papá; acontecimiento que me heredó la total responsabilidad de hacerme cargo de aquel hogar. Llegó el tiempo de enamorarme y aquella novia me escribía cartas de amor que yo no podía leer debido a mi analfabetismo, por lo que tenía que buscar siempre quien me las leyera, y eso era una situación incomoda, porque no quería que los demás se dieran cuenta de mis asuntos amorosos. Ese fue el motivo para que a mis 18 años decidiera estudiar para aprender a leer, escribir y saber. A mis 26 años di un gran paso en mi vida, decidí formar mi hogar y en el que procreé dos hijos; suficientes motivos para que tomara la decisión de abandonar la finca que me vio crecer y buscar mi porvenir en la capital, San Salvador. Para ese tiempo, ya no era analfabeta, sin embargo seguía siendo un gran ignorante porque me había hecho borracho, marihuanero y andaba perdido en la desgracia en este mundo, con todas las consecuencias familiares que esto representa. En 1979, conocí las cosas del Señor, lo que me permitió empezar a hacer cambios en mi existencia; sin embargo no me libró de las duras pruebas, porque el 2 de febrero de 1990, un vehículo me quebró la columna. Pasé 15 días en coma y desperté en una cama del Seguro Social con los rastros de una operación grande en mi cuerpo y con la sensación de no sentir mis extremidades inferiores. Esto me obligó a pedir muletas para poder movilizarme, pero siempre me las negaban, ya que el doctor me dijo que no estaba autorizado para bajarme de la cama porque mis pies no resistían y en el mismo momento me dijo que me habían hecho los análisis correspondientes y que los mismos indicaban que ya no caminaría más. Para alentarme me dijo que no me afligiera, porque ya estaban listos los documentos de mi pensión por invalidez. Nueve meses después del accidente, me hicieron la última radiografía, y el especialista al verla quedó asustado al percatarse que ningún hueso había sido quebrado y que sólo la pelvis me quedaba abierta unos 10 centímetros, y el 30 de noviembre me dieron el alta. Hasta ese momento me dieron las muletas que había pedido durante todo el año, y apoyado en ellas salí caminando de aquél hospital. Lo  gracioso de esta situación es que a los 24 días después de haber salido del hospital, regresé al lugar, muletas al hombro a devolverlas porque ya no las necesitaría más. Dios que me había hecho el milagro de recuperar mi capacidad de andar y movilizarme sin la necesidad de muletas y menos de silla de ruedas. Otra dura prueba superada, gracias su divina misericordia. Un día recién salido del Hospital, encuentro a mis dos hijos llorando en la acera de nuestra casa. Su madre nos había abandonado por irse con otro hombre. Les dije a mis hijos que la vida no se terminaba por eso, y creyendo de nuevo en la misericordia de Dios, les expresé que seguiríamos adelante juntos. Hoy en día, aquel niño que me quedó de 8 años es un Ingeniero Civil, y mi niña que me quedó de 10 años, presta servicios como profesora en Educación. Otra prueba superada para Gloria y honra de Dios. A

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Víctor Rodríguez

Tengo 63 años, padre de tres hijos ya profesionales, viudo; profesional y ya jubilado. Nací en un cantón jurisdicción de Ciudad Delgado y desde mis 12 años de edad me fui de mi casa a trabajar porque mis padres ya no me podían dar los estudios. Después de tres años de estar trabajando pude continuar estudiando hasta salir como Licenciado en Administración de Empresas de la Universidad de El Salvador. Esta independencia desde mi corta edad hizo que me volviera soberbio y que todo lo que iba logrando creyera que era por mis propios esfuerzos, mi capacidad y mi inteligencia y por lo tanto no quería saber nada de Dios. Me creía un ateo con una filosofía propia, pensando que bastaba ayudar a los demás  en la medida de  mis posibilidades y evitar hacer daño al prójimo, no niego que esto me sirvió para consolidar muchas amistades, pero permanecía siempre alejado de Dios y por lo tanto bebía creyendo que lo hacía socialmente; pero que muchas veces me excedía llegando a provocar accidentes y obtener dos suspensiones de mi licencia por conducción temeraria. También era adicto a los placeres con las mujeres y esto me llevo a una vida desordenada. En una ocasión, tuve un accidente en motocicleta. Por el exceso de velocidad, destrocé un taxi que se pasó un alto, provocando que pasara 4 días en cuidados intensivos en el hospital, expulsando sangre por los ojos, oídos y boca. Estaba con la cara destrozada porque del impacto salí volando y pasé sobre el vehículo a caer como lanza con la cara contra el pavimento y en ese tiempo el casco no lo exigían.  Pero era tanta mi soberbia y a pesar que me encontraba en cuidados intensivos,  aún estaba consciente y el segundo día llegaron al hospital unos tíos de mi esposa a querer orar por mí y en aquella situación donde todos los que me llegaban a ver no creían que viviría un  día más, con señas porque no podía ver ni hablar, hice que los sacaran de la sala de cuidados intensivos con una soberbia absoluta, sin pensar que con dificultades mi esposa había logrado el permiso para que las personas ingresaran a ese sector tan restringido y termine con 6 meses de incapacidad.   Así era yo de soberbio en contra de Dios, creyendo que los placeres ofrecidos por el mundo  eran más agradables  que andar en las cosas espirituales. Mi desorden de vida me llevó hasta abandonar a mi esposa e hijos para acompañarme con otra mujer. Creyendo que  era un buen padre, seguía aportando todo lo material que mi esposa y mis hijos necesitaban; pero  el padre y esposo se encontraba  alejado de todos. Esto provocó un resentimiento de ellos hacia mí y mi vida alejada de mi familia no era la felicidad que yo buscaba; pero Dios ya tenía preparado cuándo debía de llegar a él y me trajo a la FRATERNIDAD INTERNACIONAL DE HOMBRES DE NEGOCIOS DEL EVANGELIO COMPLETO, este Ministerio al que un amigo me había invitado cinco años atrás y a quien supliqué que por favor no lo volviera a hacer porque yo era ateo y que no creía en Dios; pero Dios tiene el día y la hora en que sus hijos que ha escogido deben de llegar y cuando ese momento llegó, Él tocó mi corazón y empecé  a sentir la necesidad de conocer más de Dios y me encuentro de nuevo al amigo que me había invitado antes a la primera reunión de la Fraternidad y estaba realizando como pastor unas reuniones cristianas y me invitó nuevamente a sus reuniones. Fue entonces que empecé a asistir acompañado de mi compañera de vida y  en una de esas reuniones llegó un fraterno que me invita al Capítulo Metrocentro. Comienzo a asistir y los testimonios me impactaban porque con frecuencia escuchaba que personas que antes no creían en Dios, estaban recibiendo milagros y empecé a involucrarme más en la Fraternidad, fui a la Convención Nacional el siguiente mes y allí me encuentro a un amigo de la infancia que me pregunta si ya había asistido a un SAEL y queriendo saber más de que se trataba en noviembre del 2007 fui a mi primer SAEL. Durante el evento, en el programa relacionado a la familia, a cada quien le preguntaron cómo estaba conformada su familia y yo inocentemente contesté que tenía una esposa, tres hijos y una compañera de vida, porque con esta ultima vivía desde hacía tres años, lógicamente me dijeron que eso no se permitía en la Fraternidad y debía arreglar mi situación. Fue a partir de ese SAEL que Dios empezó a obrar: el mismo día, al regresar, se rompe la relación con mi compañera de vida en forma sorprendente y regresé a pedirle perdón a mi esposa y a cada uno de mis hijos quienes no creían de mi cambio porque sabían cómo era antes; pero desde ese instante Dios restaura de nuevo mi familia y empieza un nuevo caminar agarrado de la mano de Dios y las bendiciones empiezan a llegar. Desaparece el deseo de ingerir bebidas embriagantes, cambia mi vocabulario a ya no decir palabras ofensivas, desaparece mi carácter violento  e inicia la armonía nuevamente  en mi hogar, al año de estar en Fraternidad obtuve mi membrecía vitalicia y seis meses después de haber llegado a mi Capítulo, me hacen Tesorero, cargo en que por unanimidad, me han elegido cada año hasta la fecha.  También me integré al Comité de Convenciones, sirvo en otro Ministerio similar que son los Gedeones Internacionales y soy el Presidente de mi campamento; a los tres años de estar en Fraternidad, Dios me da un viaje a Canadá junto con mi esposa por más de un mes con todos los gastos pagados y a pesar de estar jubilado, Dios me ha puesto al frente de una importante gremial del país y soy directivo de dos gremiales empresariales más, estoy como miembro de un cuerpo colegiado de Dirección

Testimonios

Esteban Molina

Nací un 7 de marzo de 1984. Éramos 5 hermanos, mi mamá trabajando en casa y mi papá empleado, En mi memoria de infancia hay como destellos que pasan en mi cabeza. Uno de ellos quedó marcado para siempre. Estaba mi mamá en los oficios de la casa y pues no era fácil cuidar de 5 niños, mi papá estaba tocando guitarra, acostado. Recuerdo que mi mamá entró y le dijo: “ayúdame con los niños por favor”. Mi papá se molestó, se levantó de la cama y nos dijo: ¨sálganse niños¨. Escuché unos portazos fuertes, luego mi mamá salió del cuarto llorando a mares. Me le acerque y le dije, “Mami no llores por favor, yo te amo”. Cuando levantó el rostro, recuerdo que lo tenía lleno de sangre mezclado con lágrimas; le ayude a limpiar sus lágrimas rojas. Desde entonces mis padres se separaron; mi papá se fue con otra mujer. Una de mis hermanas y yo nos quedamos con mamá, los demás se fueron con él. Viví una vida sin orientación de padre hasta los 13 años.  Mi mamá trabajando, nosotros estudiando. En la época de vacaciones nos íbamos donde mi papá. Un 6 de agosto de 1996, a eso de las 9 de la mañana, llegó por nosotros mi abuelita. De camino nos iba diciendo que mi mamá estaba enferma y en el hospital, pero llegamos al centro de San Salvador,  y nuestro destino fue: una funeraria. Al llegar ahí mi abuela nos dijo: “Hijos, su mamá murió”. En ese momento vi como mis hermanas se desbordaron con la noticia, entramos a la funeraria y estaba llena de amigos y vecinos de la colonia. Mis hermanas se acercaron al ataúd llorando, cuando me acerqué negando la muerte de mi mamá les dije: “no lloren que ella no es mi mamá,  yo he estado con ella la semana pasada”. Pero vi su rostro de nuevo y me puse a llorar sobre el ataúd, pidiéndole que por favor se levantara, que debía regresar a la casa con ella.  Ese es el recuerdo más duro en mi vida.  Me fui a vivir con mi papá obligado a hacerlo pues no tenía donde más ir, crecí en un hogar donde cada cosa en la refrigeradora tenía nombre,  la leche decía ¨no tocar¨ el cereal estaba fuera de nuestro alcance, pues claro así lo había hecho mi papá pues se olvidó que nosotros también éramos sus hijos. Sufrí muchos castigos severos, recuerdo que mi cuerpo probó todas las cosas que lastimaban como: cincho, lazo, manguera, alambre, palos de escoba, manos en la cara, pedazos de madera en mi espalda, etc., a consecuencia de alguna desobediencia o acusación falsa. Con el tiempo, me acostumbré a palabras negativas, rechazos y malas miradas. Cuando tenía 17 años mi papá me dijo: “Ya no te quiero en esta casa, busca un lugar adonde irte”. Esa misma noche salí de la casa y recuerdo que caminando por unos pasajes, escuche una alabanza de Danny Berrios que dice: “Dios cuida de mí, bajo la sombra de sus alas”. Esa alabanza quebrantó más mi corazón, pero me dio coraje y fuerza para decir: “no estoy solo”. Busqué un trabajo y alquilé una bodega de 1 metro de ancho x 2 de largo, mi almohada eran un par de pantalones, y mi sábana mis camisas. Dormí en el suelo por casi 2 años y medio hasta que pude comprarme una colchoneta. En el camino descarriado que tenía entonces empecé a fumar y a tomar. No siempre tuve trabajo. Dormía en las afueras de las casas  o en el carro de mis amigos, comía en ocasiones tortilla con sal, y de cena un cigarro, ya que no tenía para más. Cuando por fin encontré un modesto trabajo en una gasolinera, pensé en visitar a mis padres para llevarles algún presente, pero mi abuela mi confesó que mi padre le había pedido no informarme de la dirección donde vivían en ese momento.  Me di cuenta que mi papá estaba engañando a mi mamá (madrastra)  y lo que él un día llegó a tener, los carros, el dinero, los amigos,  todo eso se le vino abajo. Mi mamá se dio cuenta y terminaron separándose, fue ahí donde mi padre  se fue con otra mujer de nuevo, yo ya en ese entonces tenía 25 años, pues les dije a mis hermanos que no dejáramos a mi mamá sola. Decidimos irnos a vivir todos juntos una casa  para salir adelante. Estando ahí se me dio la oportunidad de cantar en una banda de Rock latino, y pues como era de esperarse, se me subió todo a la cabeza, me sentía la sensación de la fiesta el rompe-corazones de las mujeres, incrementó el alcohol en mi vida. En esa etapa de parrandas, en la red social “Facebook” saludaba constantemente a una mujer que nunca me respondía y dije: “bueno y esta ¿qué se cree? Seguí escribiéndole por 3 meses, hasta que un día respondió e inició una amistad. Ella me decía: “No quiero que me veas como una conquista, solo quiero ser tu amiga”. Al pasar el tiempo, nos hicimos novios. Ella vivía en San Miguel y yo en San Salvador, y me tocaba viajar para visitarla. Pienso que Dios es Dios y Él tiene el poder y control de todo, ya Dios tenía un plan para mi vida. Logré tomar un evento para cantar en el Festival Gastronómico de San Miguel, y de ahí empezaron a abrirse puertas de trabajo para mí, entonces me mudé a San Miguel. Un día mi novia me hablo de una tal FIHNEC, y me invitó a la inauguración de un capítulo de jóvenes. Ese día yo tenía que presentarme en un evento pero fue cancelado, y me acordé de la reunión y decidí asistir.  Al llegar,  unos hombres empezaron a abrazarme y eso para mí fue extraño pues porque no estaba a acostumbrado, luego me dieron un papelito y me dijeron que escribiera una petición. Cuando inició el

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Guillermo López

Mi nombre es Guillermo Ernesto López Reyes empresario dedicado a la logística internacional  y Dios ha puesto e mi corazón compartir el siguiente testimonio de que Dios es real. Creí como un niño en las promesa de Dios para mi vida, justamente cuando era un niño. Pero el tiempo transcurrió y mi Corazón se endureció y mis pies se apartaron del camino correcto y me volví un detractor silencioso del evangelio. Mi corazón se llenó de lo que el mundo ofrece. De manera espontánea, la envidia, el orgullo, el egoísmo y el afán, eran parte de los frutos que mi corazón había cosechado. Pero para mí todo era normal y me sentía una persona buena por consiguiente creía no necesitar de Dios. Eso de buscar a Dios era para personas débiles sin carácter, sin conocimiento. Me casé e iniciamos junto con mi esposa una de las empresas más difíciles del ser humano: conformar una familia. Los primeros días fueron difíciles, la situación económica nos apretaba de forma directa, nuestras posibilidades eran escasamente viables, mi esposa busca de Dios tratando de encontrar respuestas. Y las respuestas no se hacen esperar: de ser empleados El señor nos vuelve empresarios y la prosperidad llega a nuestras vidas corrigiendo con esto la situación que veníamos padeciendo. Siempre hubo en el corazón de mis esposa la disposición de dar a Dios los diezmos de manera espontánea con amor y con agradecimiento a Dios, pero mi corazón estaba puesto justamente en el dinero y me opuse completamente a colaborar con la obra de Dios. Al tener mi corazón endurecido y una venda en los ojos, preferí quedarme en el mundo y disfrutar de él. Los bares fueron mi destino, despilfarré la prosperidad que Dios nos había dado. Sin Dios en mi corazón, me opuse a que mi esposa siguiera en la iglesia de forma activa. La empresa dejó de ser próspera y comenzó de nuevo la aflicción. Afortunadamente, mi esposa conoció la Fraternidad de Hombres de Negocios  y de inmediato estableció  una relación personal con Dios y me buscaba capítulo de forma insistente para que yo asistiera.  Probé en varios hasta que llegué al capítulo gran Bonanza. Asistí por un mes y me llevaron a un SAEL. En esa reunión el Espíritu Santo tocó mi corazón  de manera extraordinaria, la misma experiencia que había vivido en mi infancia, siendo una experiencia preciosa. Pero no regresé al capítulo, decidí apartarme nuevamente de Dios,  seguí  luchando en mis fuerzas pero todo se había vuelto cuesta arriba.  La empresa que Dios había bendecido estaba en quiebra, comencé a vender todo lo que tenía a mi disposición, con el ánimo de recuperar la empresa, pero fue imposible: todo dinero que invertíamos se terminaba de inmediato, era algo insostenible. Un día viernes al  mediodía, sentí como que me desconectaron de la vida y sentía mi cuerpo más pesado de lo normal. Los médicos me dijeron que mi problema era de riñones y me comencé deteriorar físicamente de inmediato. Me ingresaron al hospital, no comía no bebía y mi cuerpo comenzó a hincharse acumulado líquidos  y a la vez sufría de desnutrición. En el período de junio a diciembre de 2010, estuve ingresado en el hospital cerca de 70 días alternos. El dolor, la muerte y la desesperanza fueron mis compañeros, fue entonces que volví a  buscar a Dios, leí en los evangelios sobre las sanaciones que Jesús hizo y ahí puse mi fe en Él. Vi morir a muchos en el hospital en ese tiempo, otros tenían condiciones extremas y yo era uno más entre ellos. Sin esperanza, me preguntaba adonde estaba el orgullo, la soberbia y el desprecio por la palabra de Dios que algún día había tenido. En ese momento entendí que todo es vanidad. Me dieron el alta el 17 de Diciembre del 2010 para que me fuera a mi casa sin esperanza de parte de los médicos, pero mi fe en Jesús había crecido, permanecía en cama todo el tiempo sin poder moverme, muchos llegaron a orar por mis salud, llegaron fraternos a declarar sanidad en mi vida y para la Gloria de Dios, me comencé a recuperar.  En febrero del 2011 mi cuerpo expulsó los líquidos acumulados y mi recuperación comenzó. En ese periodo de escasez económica  Dios envió todo tipo de ayuda por medio de diferentes personas que fueron obedientes al Señor. No teníamos trabajo, pero siempre Dios cuidó de nosotros de manera sorprendente. Dios ha restablecido nuestra economía, hoy tengo la oportunidad nuevamente de administrar la empresa con la diferencia de que esta vez busco a Dios de toda forma posible.  Asistimos a la Iglesia, sirvo en el capítulo Fares (en formación) busco a Dios siempre y doy testimonio de lo que Él ha hecho en mi vida. Dios tiene un trato diferente con cada uno  y esta es la forma en como yo llegué a conocer las maravillas que Dios tenía para mi vida. Escribo este testimonio por agradecimiento, obediencia y por amor, fui rescatado de la muerte, pero lo más importante, fui rescatado de los muertos.

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Julio Cesar Marroquín

Mi nombre es Julio Cesar Marroquín Ramos, Nací un 29 de Abril de 1989 en Sonsonate. Con mucho esfuerzo, mis padres trataron de darme lo necesario: educación, amor y cariño. Desde pequeño fui bastante apegado a mi familia, tristemente  recuerdo tener unos 5 años de edad cuando sufrí  de dos abusos sexuales y dos violaciones, a mi corta edad no entendí lo que sucedía y lo callé. Crecimos como una familia unida, pero, desde que tengo memoria, mis padres siempre tuvieron dificultades. Mi papá tomaba y fumaba; trabajaba mucho y ganaba poco. Mi mamá deseaba una vida económicamente estable, esto causaba fuertes discusiones entre ellos. Asistíamos 2 horas de la semana a la iglesia, las horas restantes era un combate. Estudié en un colegio privado, pero recuerdo que cuando tenía 13 años me cambiaron de colegio a una nueva institución en donde mis compañeros tenían entre 18 a 20 años de edad. Su estilo de vida era: consumo de bebidas alcohólicas, drogas, sexo, robos, pandillas y venta de drogas. Mi mundo cambio. Se escuchaba la palabra “divorcio” entre mis padres, la economía en casa estaba mal, la relación con mis padres empeoró, intenté irme de la casa, pero nunca tuve a donde ir. A mis 13 años, aquel niño cambió sus pantalones a la cintura por pantalones flojos, adopté un corte de pelo diferente, cambié mis camisas formales por flojas. Me ofrecieron alcohol, drogas y sexo. Por fuera era un niño agresivo, pero por dentro era un niño totalmente cohibido. Me ofrecieron entrar a ese grupo delictivo, pero algo dentro de mí me dijo “no”. Cada uno de mis amigos fue muriendo: uno con 2 disparos en la cabeza, otro desapareció, un tercero murió apuñalado con picahielos, y a pocos días a mí me amenazaron. Mi temor era tan grande que le pedí a una amiga que me llevara a una iglesia y en ese lugar acepté a Dios en mi corazón. El temor me llevó a decirle a Dios que ya no aguantaba mi estilo de vida, que si Él tenía un plan de vida para mí, que me lo mostrara. Pocos días después, me enteré que mi Padre estaba asistiendo a una reunión de la Fraternidad Internacional de Hombres de Negocios del Evangelio Completo.  Noté que mi papá estaba más interesado en nosotros, dejó de fumar y tomar, y eso me sorprendió mucho. Decidí a acompañarlo y a mis 15 años de edad conocí esta bendita organización. Un hombre me dijo que me llevara a Dios en mi corazón y que si no me funcionaba lo devolviera a la siguiente semana; acepté el reto del cual corrí a contarle a un amigo. Él se burló de mí,  pocos días después amaneció muerto, y pude darme cuenta de la oportunidad que Dios me estaba dando. Bendigo mucho a los jóvenes FIHNEC, que con su humildad me dieron la mano y me enseñaron con mucho amor que Dios tenía un plan para mi vida. He logrado muchas cosas que aquel niño tímido y cohibido le clamó a Dios. Ahora tengo la oportunidad de llegar donde pandilleros, jóvenes necesitados de Dios, para mostrarles lo que Él ha hecho en mi vida. Hace tres años pasé una etapa muy diferente: mi familia se desintegra, la empresa familiar se fue a la quiebra, y me vi en la necesidad de tomar la dirección de ella. Mi mamá en una horrible depresión que pudo llevarla a la muerte después de la infidelidad de mi papá. A mis 22 años tenía dos opciones: renunciar a las promesas de Dios y darme por vencido, o creer en lo sobrenatural de Dios. Decidí conocer cuál era el propósito de Dios en mi vida y a hacerle frente a la situación. Recuerdo que para ese momento me nombraron “Presidente de Capitulo”,  no tenía ingresos, mi vida era inestable, emocional y  económicamente, pero acepté. Sin perder la fe, decidí visitar a nuevas empresas proponiendo los servicios profesionales, fue entonces que orando y trabajando Dios comenzó a bendecirnos. No soy una persona adinerada, pero me considero un joven exitoso. Amo a mis padres y aunque sé que han cometido errores, me siguen enseñando mucho cada día. Siempre recuerdo a mi grupo de amigos en el Instituto y estoy seguro de que si no hubiera sido por Dios, no estaría vivo este día. He tenido armas sobre mi cabeza por servirle a Dios, pero no me importaría perder mi vida por esta causa. Te reto a que creas en Dios y pongas todos tus sueños en manos de Él para que puedas vivir feliz. 

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